Nº 1, de Alen Kerish



En este mar inmenso
cuando me ahogo en mis recuerdos,
tus besos me dan oxígeno
para seguir viviendo.

Cuando el sol calienta y me quemo
en las llamas de este infierno,
tu sonrisa me da aliento
para resistir al tiempo.

Cuando el frío me abotarga
en lo más profundo del invierno,
tus abrazos arropan
este corazón eterno.

Cuando la noche lúgubre cae
y de tu ausencia siento miedo,
tu dulce voz alumbra
la oscuridad de este tormento.

Cuando el viento golpea
los cimientos de mis sentimientos,
tu Amor me da la fuerza de Atlas
para aguantar los cielos.

Cuando mis fantasmas perturban
la paz de este cementerio,
lamento que todo haya acabado
y apuro el último verso
de este epitafio.

"Es duro acostumbrarse a
ver cadáveres en las
esquinas de las sonrisas"
J. Galíndez

PRINCIPIO DE UN FINAL, de Sol Bezanilla


Esta mañana me ha hecho un guiño la memoria
ha abierto sus párpados, ha enseñado sus pupilas,
esa pupila grande y ese oscuro laberinto a donde
va a parar el alma, tranvía con raíles chispeantes.
He oído el ruído de tu risa,
niebla cayendo, que devora trozos de mi alma,
ADN de mi piel quemada
por tu aliento extraviado y tus
palabras con puntos de fuga,
ojos de simas, hondos y certeros,
cavernas oscureciendo los días,
ocres sombras desgranando la luz
contra el tiempo, péndulo escondido
cayendo bajo mantas
de vigilia de sueños.
Hoy también mis párpados han cerrado
puertas cruzadas, desprendidas, atracadas,
umbral traspasado.
Ahora tengo rosas en las manos,
misterios en mi alma,
ojos asomados a miradas
de vértigo, El Sáhara en Oasis
de aire volátil envolviendo órbitas,
acariciando la sed de querer siendo.

CIUDADES ELÉCTRICAS





El pasado jueves 12 de noviembre, el salón de actos de La Vidriera (Maliaño - Cantabria) acogió el espectáculo "Ciudades Eléctricas", un auténtico show donde se combinó la poesía, la música y la pintura.
Javier Perales nos deleitó con sus blues en forma de poema de su último libro "Esperando al tiempo", perfectamente sincronizado con la música, la armónica y los punteos acústicos de Jadris, quien intercaló varios de los temas recogidos en su álbum "Tras la sombra de Will Munny", último trabajo discofrágico de Jadris & Los líos, un soberbio abanico de once canciones con verdadero "sabor a carretera". Y para aderezar la ensalada de versos y estrofas musicales, Valvanuz Lezcano dejó que sus manos se movieran al ritmo de lo que escuchaba para trasladar todas esas sensaciones sobre un gran lienzo en blanco.
Fue un auténtico cartel de lujo; una de esas experiencias escénicas que dificilmente pueden olvidarse; fue, de nuevo, la magia de la poesía, salida de la chistera de los mejores prestidigitadores.
BLUES, de Javier Perales
El blues de las camas incorruptas,
de la noche que se consume en vano,
de un amanecer tan largo.
Las estrofas melancólicas del que espera,
del sombrero de copa en el armario,
de unas botas sin estrenar.
El nocturno en un piano desafinado
suena como el viento que bate las hojas,
igual que la brisa secando tus lágrimas.
Sigue la canción triste de este invierno,
el trozo de pan que falta en sus manos,
el último trago en la botella
es música de tejados raídos,
son huellas cansinas en la playa,
es el brazo que lucha por alzar el puño.
KILÓMETRO 43, de Jadris
En cada calle de la gran ciudad
hay un amante de contestador
mientras el mundo sigue dando vueltas
y brillan las farolas.
En el kilómetro 43
las carreteras están llenas de perros,
gasolineras con hambre de amor
y mánagers de feria.
La línea que separa
está tocando fondo
el límite entre bien y mal.
Tú me mirabas con ojos lascivos,
yo te invité a una copa,
me desperté solo al amanecer
en un hotel sin nombre.
En el kilómetro 43
tú te alejabas entre faros de niebla,
la reina de las noches de placer
y un corazón de piedra.
La línea que separa
está tocando fondo,
el límite entre bien y mal,
amantes de madera
y fuego en el volante.
Kilómetro 43.
lienzo: Valvanuz Lezcano
fotografías: Mikel Lado Peña

DESEMBARCO en MADRID




El pasado miércoles día 4, y durante toda una semana, ABSENTA POETAS desembarcó en Madrid de la mano de Isidro R. Ayestarán y Mikel Lado, en el Club Bukowski, local que sirve de punto de encuentro cultural y que está ubicado en pleno corazón del barrio de Malasaña, en la calle Vicente Ferrer. El primero presentó su Cabaret de los Sueños, en un monólogo teatral y musical con lo más duro y comprometido de su repertorio: la lapidación de mujeres, el asesinato de homosexuales en Irán, las víctimas inocentes en cualquier conflicto bélico. Por su parte, Mikel presentó nuestra revista, hizo una exposición con nuestras actividades y nuestros objetivos, y recitó uno de sus poemas, dedicado a Mario Benedetti.
Tanto en la jam de poemas del miércoles, como en la de relatos del domingo 8, los asiduos al Bukowski, también poetas que se lanzaron a recitar sus diversos trabajos, se interesaron por ambas obras, logrando crear un clima y ambiente poético verdaderamente admirable.
Desde estas líneas, vaya nuestro agradecimiento a Inés Pradilla, la Maestra de Ceremonias del local, a todo el público del Bukowski por su respeto y silencio, y a la revista YAREAH, que cubrió el acto teatral y de presentación de la revista.
Fue el primero de los muchos actos que realizaremos fuera de Cantabria.
Absenta, sin duda alguna, se encuentra en su mejor momento de expansión.
Mil gracias a todos.

EL UNIVERSO AZUL, de Juanjo Galíndez


El universo azul
te invita a caer
desde una única parte.
Las escaramuzas de sus hijos
se cuelan acantilados
una mañana más,
y viven sus vidas,
miman su cuidado,
rumian su amor picado.
No es lo mismo
llegar entre sollozos
que morir chillando,
y que el aire te olvide
sin transportar tu voz.
El universo azul
no refleja sombras,
las abraza en su porvenir,
en su caudal callado.

ANOCHE..., poema y vídeo de Isidro R. Ayestarán


Anoche, las estrellas me alumbraron
con la intensidad de un sueño,
con el resplandor de esas quimeras
que dejan de ser utopías
para hacerse realidad.
Anoche, mientras le silbaba
a la oscuridad tu nombre,
el brillo de una de ellas atravesó
el corazón del poeta errante
para escribir su verso más certero.
Fue anoche cuando se me desveló
el secreto del significado de tu silencio,
de tus calladas respuestas,
de lo más profundo de tu mirada.
Y fue al alba, cuando al despertar
entre tus brazos, ya no hubo sueño,
ni meta ni horizonte, ni luz ni quimeras...
ni tan siquiera hubo noche.
Porque te encontré a ti de nuevo,
y en un solo gesto sincero,
eufemismo de la felicidad completa,
tú y yo comenzamos a ser uno
caminando aferrados a la ilusión
escrita con el fulgor de aquel viejo sueño.
¿Le recuerdas?
Es aquél que me dictaron las estrellas
la pasada noche,
justo antes de despertar junto a ti
y sonreírnos el uno al otro.
ANOCHE... mi vídeo más sensual.

ESTRENOS, de Marianella Ferrero



Si vuelvo, seré otra,
nunca más serás vos,
ni serás tampoco
testigo de mi añoranza,
porque no podré extrañar
lo que no me has dado.
Extrañaré entonces
la cuna de otro abrazo
y al pisarte
dejaré las huellas
de mil huellas
de caminos exiliados.
fotografía de Jan Saudek

LA PROFECIA MAS EXACTA, de Angel Gómez del Pozo



Sin duda sé que llegará el momento amargo
de aceptar la profecía más exacta:
el fin de mi estancia entre la luz humana,
el inicio del latido exento.

El frío son de unas campanas
divulgará la tregua sofocada.
Intuyo alguna flor, alguna lágrima,
pero soy sólo uno más en esta pausa.

El llanto y el dolor se irán difuminando
por la extensa vereda de la desmemoria.
Al fin cruzaré el áspero desierto,
me mudaré de casa,
entregaré el bastón de acatamiento,
cansado del error y el desacierto,
cansado de acatar tanto silencio,
cansado de rimar palabras y emociones,
pero no me pesará el haber amado.

fotografía de Pascal Renoux

LAGRIMAS TARDIAS, de Mikel Lado



Mis lágrimas se estrellan
contra el limpiaparabrisas
en esta noche de oscuridad
en la baldía carretera maldita,
que quebró mi espíritu
me arrancó el corazón
y mi última existencia,
herencia de tus mentiras.

La autopista sin retorno
sin una señal de bienvenida
sin descanso, sin guía,
camino inminente
al infierno de tu ausencia
y al triunfo de tu nueva vida,
y sin una lágrima tardía
al final, cercano de la mía.

fotografía de Jean Jacques André

ESTRELLAS, de Javier Perales



Robé un puñado de estrellas
en un descuido,
las guardé en mis bolsillos,
en tarros de cristal,
escondidas debajo de la hierba,
robé un puñado de estrellas
en un descuido,
tímidamente asoman su luz
entre mis bolsillos.

fotografía de Jan Saudek

EN UN ESTADO DE FRAGILIDAD APARECERA LA VALENTIA, de Oscar Domínguez


Estoy intentando llevarte
al escondite iluminado de mi vida
con los ojos vendados
con un verso atado
a tus muñecas invadidas por gaviotas.

Estoy intentando descubrirte mundos nuevos
como hace un turista en una ciudad imperial
para que dilates tus pupilas al escuchar
las esquinas que doblarás en mis palabras de amor.

Estoy intentando llevarte
por los caminos más enrevesados
de la verdad más incierta, con esos atajos
que quizás no quisieras,
para quitar importancia al destino dentro del trayecto.

Estoy intentando descubrirte
que nuestro pálpito no será un pasajero
en vuelo de bajo coste
porque para el amor hace falta tiempo y vocación,
pero también un billete de responsabilidad.

Estoy intentando llevarte
las lágrimas en una maleta cerrada
tirando la llave al sumidero de la tristeza
para que tu sonrisa sea una luz que alumbre mi vida.

Al verso de Luis García Montero
fotografía de Pascal Renoux

LA MADRE HERIDA, de Juanjo Galíndez



Entre tu tendencia a mecer
la primera luz
por el caminito de plata
desaparezco sin apenas nada.
Entre tu vaivén en mar
inundando el recuerdo
con sabor a sal y a nada.
Entre la cabeza agrietada
y la fisura del olvido
tras el siguiente resoplido
para quedar con nada.
Mojado en vida,
empapado en rastros de realidad,
asomándome a la fe
que termine con mi sed
para quedarme contigo.

fotografía de Isidro R. Ayestarán

LA PIEL DE LOS DIAS, de Soledad Bezanilla



Esa piel de las manos estrechadas
los brazos, abrazados, de torsos
esculpidos, de piernas entrelazadas
de pies caminando, danzando, saltando
asfaltos, tierras, arenas
dejando huellas errátiles
entre el impuro olvido
de nuestra ya no desigual vestidura
se me hace sombra arrebatada
embriagada de olvido
puedo curvar la madrugada
para hacer más mío el tiempo y
dártelo y hablarte por fin
de la primavera, de la piel
del aire, del viento, de la luna, del sol
deslizándose por mis modestos hombros
suspendidos como una sábana
donde se sueña mientras los días
hacen, deshacen, mudan la piel.

fotografía de Isidro R. Ayestarán

MUROS, de Katho Gómez


Hice muros
derribé puentes
tejí mi cuerpo en la fortaleza de nadie
cubrí mi pecho e hice de Dios un recuerdo
innecesario
Te dejé volver
forjé las líneas de mis manos
Transitaste entre ellas sin remedio
Escondí mis años bajo la alfombra de la sala
los aparqué en la calle de al lado
Dejé de ser yo
para ser nada
para ser nadie
Los muros se llenaron de humo
Los puentes de máquinas en llamas
Mi pecho es un hueco enorme donde
habitan las ranas
Te dejé ir
Las líneas que transitaste desaparecieron
mis arrugas también
En la calle de al lado ahora viven perros sin
dueño
Ahora soy yo...

EL "AZUL nº 5" de ABSENTA POETAS


Ve la luz la edición verano 2009 de la revista ABSENTA POETAS, la Publicación Irregular de Cultura Subterránea. En esta ocasión, el artista invitado es Mario Benedetti con su cita "Después de todo la muerte es sólo un síntoma de que hubo vida".
Para la portada, de un color azul electrizante, una evocadora fotografía en sepia de Fernando Domínguez sirve para introducir al lector en el peculiar mundo de versos de Javier Perales, Mikel Lado, Juanjo Galíndez, Alen Kerish, Marianella Ferrero, Oscar Domínguez, Angel Gómez del Pozo, Isidro R. Ayestarán, y la presentación en este número de Katho Gómez y Soledad Bezanilla.
Una nueva oportunidad para dejarse llevar de la mano de la poesía a un horizonte donde el amor y las propias vivencias de cada uno son los verdaderos protagonistas.
La podréis encontrar en los puntos de difusión habituales.
No os la perdáis.

ABSENTA POETAS... en el IV IGUÑA PUNK FESTIVAL



El pasado sábado 25 de julio, los Absenta Poetas participamos en el IV Iguña Punk Festival, realizado en Molledo (Cantabria), donde, para la ocasión, Javier Perales, Mikel Lado, Isidro R. Ayestarán, Juanjo Galíndez y Marianella Ferrero, acompañados una vez más por la poderosa guitarra de Sesi Mier, desgranaron sus versos más comprometidos y duros ante las miradas - atónitas - de los allí congregados, quienes llevaban desde el día anterior asistiendo al desfile de varios grupos y cantautores.
Un escenario distinto, un público diferente... y la recompensa de llevar la poesía a cualquier rincón y a cualquier público, sin elitismos ni miramientos de ninguna clase.
Y en cualquier caso, una grata experiencia.
Otra más.

CUANDO ANOCHEZCA EL INVIERNO, de Isidro R. Ayestarán



Cuando anochezca el invierno,

el amor volverá a nuestros corazones,

y la época más fría del año se truncará

en la más hermosa, aquélla en la que

regresaremos el uno al otro para,

en un juego de miradas, mentirnos

al decirnos que habíamos estado separados

tanto tiempo, ya que en verdad te digo

que el anhelo de tu presencia te hacía

cercano a mi vida y los besos que le daba a la luna

eran tuyos antes de que ella los sintiera.

Pero eso será mañana, cuando anochezca el invierno.

Hoy...

déjame seguir soñando contigo.

HOJAS DEL RECUERDO, de Mikel Lado



Hojas pardas, sin su magna presencia
desbaratadas, rotas, desordenadas
sin concierto sobre las aceras
me dicen, que vuele más al norte,
donde las aceras no repliquen nada
pues antaño, ya paseaba solo por ellas
mis botas, aún con barro, recuerdan.
¿Dónde quedó todo el orden aquel
que recuerdo, de ellas en mi niñez?
Otoño, invierno o verano, no sé
hoy el tiempo, en esencia perturbado
me priva de la capacidad de saber
si donde veo hojas, sólo son recuerdos
o son las huellas de lo que siempre quise ver.
fotografía original de Olga Yugov

LA MAREA, de Javier Perales


Baja y sube la marea,

espuma purificadora baña el miedo

corta de un tajo el frío acero,

las llagas y el dolor

hacen agujeros en la roca.

Baja y sube la marea,

arranca el recuerdo del suelo,

roba la visión peregrina,

decora el horizonte inerte

y el consuelo de los necios.

Baja y sube la marea

con la vida y la nostalgia

con esbozos y retratos

es danza seductora

que deja sal en las heridas.

extraído de "Desembarco de poesía - cuaderno de Normandía"

fotografía de Mikel Lado Peña

OMAHA SANGRIENTA, de Alen Kerish



Cuando me alisté, con dieciocho años, nunca pensé que me vería implicado en un conflicto de este calibre, pensaba estar en una oficina con un rango medio, teniente o algo así; pero durante unos cuatro largos años estuve luchando por lugares que ni siquiera conocía, con la certeza de que el infierno no podía ser peor. En todo este tiempo he visto y sentido muchas cosas, intento recordar sólo los buenos momentos, cuando estábamos todas las compañías en el campamento y nos divertíamos en los escasos días que teníamos de "descanso", en ese ambiente de hermandad que nos proporcionaba un poco más de aliento para seguir combatiendo sin dejar que el miedo nos paralizara. Pero... ¡Dios mío! he observado tanta muerte y destrucción en mis "privilegiados asientos de primera fila".

Nunca podré olvidar aquel seis de junio, creo recordar que era sábado, un sábado noche a altas horas de la mañana, embarcamos rumbo al frente, algo importante estaba ocurriendo ya que desde la dura derrota en Dieppe, el Alto Mando no planeaba incursiones en Francia, la confirmación llegó cuando, transcurridas unas horas, ante mi atónita mirada pasaba un gran número de aviones Spitfire, Hurricane... y una infinidad de tropas de infantería, artillería y carros blindados, todo ello en un despliegue de barcos de tal magnitud que podías ir saltando de barco en barco y adentrarte cientos de metros en el mar. Nuestra superioridad numérica era arrolladora, pero se contrastaba con su posición estratégica.

Algunos, al ver tanta variedad de tropas terrestres, en un claro alarde eufórico dijeron: -¡adelante, que son pocos y cobardes! -, quizás tenían razón, pero nosotros más que ser valientes, estábamos locos.

Al amanecer, el sol estaba oculto tras una gruesa capa de nubes grises y borrascosas como preludio de la batalla, así la fugaz sensación de tranquilidad se vio truncada por el inminente enfrentamiento entre enemigos y aliados que rompió el silencio espectral. En ese momento comenzó la macabra sinfonía.

Ante la posibilidad de ser alcanzados por el fuego enemigo, antes de abordar la costa, saltamos, el agua nos cubría casi por completo, pero no había tiempo para pequeñeces, ese era el menor de nuestros problemas, la sangre daba al agua un tono granate mientras se filtraba en la arena, apenas podías arrastrarte entre los cadáveres que servían como escudos indirectos, no era nada agradable, pero supongo que tampoco lo sería estar muerto.

Todo era confusión. Las unidades, muchas de ellas sin jefe, se habían mezclado y la mayoría no estaba donde debía estar.

Las bombas caían sin cesar, los barcos ardían, los vehículos, empantanados, eran alcanzados por los proyectiles, las provisiones se mojaban; las lanchas intentaban constantemente llegar a tierra y en ese momento, algunas tocaban minas y explotaban... todo estaba revuelto como en un depósito de chatarra.

La playa estaba llena de soldados fallecidos, heridos o buscando refugio. Logramos llegar hasta un pequeño muro de piedra, pero nuestra protección duró poco, las tropas de mortero enemigas habían estado esperando ese momento y comenzaron a lanzar sus mortales disparos contra los objetivos predeterminados. Los proyectiles con fusibles de impacto daban en el blanco, la metralla, los fragmentos y las piedras causaban innumerables bajas. Nuestras olas de atacantes se estrellaron contra las defensas del enemigo.

Entre la niebla que producían las bombas de humo y el polvo que levantaban los obuses, se podían oír los gritos de los soldados, doloridos por alguna herida grave de un disparo certero o simplemente temerosos de morir, pero no todo eran simples chillidos, también se oían oraciones completas y desoladoras, tales como: -sólo hay dos tipos de soldados en esta playa, los caídos y los que van a caer. ¡Larguémonos! - era algo comprensible ya que nadie mantenía la calma en esos terribles momentos, hasta los que fanfarroneaban de sangre fría y nervios de acero se derrumbaron psicológicamente.

Cada centímetro de tierra valía una gota de sangre. Nos ordenaron avanzar, fue la peor idea en la triste historia de las malas ideas, tan descabellada como asaltar el sistema de trincheras de la I Guerra Mundial, pero había que hacerlo, las órdenes eran las órdenes, aunque aquello no era mejor que un consejo de guerra.

Así pues, salimos, ésa fue la única vez que vi de cerca a la muerte, no era una funesta figura entre las sombras, sino una MG42 que escupía fuego a diestro y siniestro.

En ese momento, una ráfaga de ametralladora silbó en el aire, un compañero sintió un profundo dolor en el pecho que interpreté por su gesto, el fusil le resbalaba entre las manos, sus piernas comenzaron a flaquear, en unos instantes cayó de rodillas y se desplomó sin remedio sobre la arena, la sangre manaba a borbotones; instintivamente bajé la vista hacia mi camisa, estaba empapada de sangre y ni siquiera me había dado cuenta de ello.

De repente me paralicé y vi una extraña imagen, era mi madre sentada en el porche enseñándome... ¡¿la póliza de seguros?!

Entre todas las explosiones y disparos, un gran estruendo me sobresaltó, alcé la vista y vi a lo lejos refuerzos, destructores y cazas aliados, que arrasaron las posiciones enemigas.

Supongo que ahora mismo os estaría contando esta historia si no llega a ser aquella bala perdida que... en fin, la guerra es una de esas cosas que nunca resulta como fue planeada.

Sto. 29ª División de Infantería
Thomas H. Miller

fotografía de Mikel Lado Peña
extraído de "Desembarco en Normandía - cuaderno de Normandía"